Cuando los pescadores atrapan a un tiburón , estos no se conforman con matarlo. Le cortan las aletas, o les abren el vientre, como si tuviese que ser de esa forma la manera de tratarlo.

Los pescadores odian al tiburón , aunque no han sabido conocer su realidad. El tiburón es atrevido, antiguo e inteligente. Se le puede encontrar en cualquier parte, y seguirá ahí por siempre.
El ataque de los tiburones es relativamente muy bajo, pero la sola idea de que un animal de esta envergadura muerda a un nadador engendra escalofríos y visiones horrendas en comparación con los muertos y heridos que se mencionan en las estadísticas. En cualquier parte habrá tiburones dispuestos a atacar a alguien, dando vueltas, atravesando las aguas a una gran velocidad, con sus ojos siempre atentos.
Algunos de ellos muerden sin la intención de matar a alguien en particular, puede ser un buceador, un bañista, un niño o una mujer. Ellos pueden atacar a cualquiera. Al parecer, no tienen preferencias, pero muchos creen que existen patrones comunes; como el color del traje, una herida, el agua o el estado anímico. Es de suponer, que descartando todos los factores, el bañista podrá salir vivo del agua.
Las mandíbulas de un tiburón de mas de dos metros, aproximadamente, ejercen una presión de tres toneladas métricas por centímetro cuadrado cuando las cierra sobre su presa.
A casi nada le teme el tiburón , y existen algunos consejos que se pueden seguir al encontrarse con uno. Se tiene que mantener la calma, intentar golpear, con habilidad, el hocico del pez. Se tiene que salir del agua lo mas silenciosamente posible. La gran mayoría cree que hacer ruido los aleja, teniendo en cuenta que la experiencia dice todo lo contrario, porque suelen atraerlo hasta las más mínimas vibraciones que se producen al nadar suavemente. En resumen, no existe ningún método de defensa seguro, ni decisión que siempre sea la correcta.
Son muchos los datos, son demasiadas las alternativas.

Un 35%de personas atacadas por tiburones muere. Son datos estadísticos, pero su importancia es relativa. Existen sucesos que no se mencionan por ser demasiado dramáticos. Mientras mas datos, mas se advierte que se sigue tal como al principio. Casi nada permite obtener conclusiones seguras.
En resumen, no existe ningún método de defensa seguro, ni decisión que siempre sea la correcta
La sensibilidad del tiburón es coordinada y eficaz, pero de comportamiento raro. Una vez que se fija un objetivo lo sigue sin detenerse, sin que sea fácil distraerlos de su conducta.
Generalmente siguen atacando a su presa a pesar de los muchos estímulos que pudieran alejarlo. No dejan de atacar, ni siquiera cuando se les mutila con crueldad. Es como si sintieran una profunda indiferencia por su vida. Y siguen silenciosos, casi invisibles.
Es como si el mar crease a ese animal en el instante preciso. Al tiburón le gusta la sangre de los peces, pero en ocasiones ataca al hombre cuando la comida tradicional falta. Muchos de sus ataques al hombre parecen ser motivados por situaciones que nada tienen que ver con el hambre.
El tiburón ataca con cualquier clima, en playas llenas de personas y en las desembocaduras de los ríos. Ni la hora o el día, ni el mes o la estación, ni la profundidad del agua influyen en la decisión de su ataque.

El tiburón, espantoso monstruo del océano, cruza de la claridad del mar a la oscuridad insondable de la profundidad de nuestros sueños, y al final, como absurda casualidad, regresa de lo profundo del sueño al mar.