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El pueblo escribio con sangre un capitulo de la historia

08/10/2010 02:49 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Tomado de la revista Segovia.

Por: Erving Mayorga M.

Aún estaba fresca la sangre en las cunetas de la Avenida Roosevelt y se sentía el olor a pólvora de los fusiles que habían asesinado al pueblo; pero esos mártires serían el detonante en la conciencia de los nicaragüenses que volverían la espalda, de una vez y para siempre, a las paralelas históricas de demagogos y lacayos del imperialismo, para seguir a su Vanguardia, el F.S.L.N., que seis meses después marcó el sendero de la lucha en Pancasán.

Desde el asesinato de Sandino, los nicaragüenses no conocían más gobierno que la dictadura somocista. Luego de ése crimen se sucedieron asesinatos en masa, crímenes selectivos, persecuciones, encarcelamientos y confinamientos en las islas del Atlántico, a finales del 40. La tiranía se afianzaba política y económicamente como representante de la explotación y opresión libero-conservadora impuesta por el imperialismo.

En la década de 1950 el régimen somocista consolidó la economía de la dinastía y estableció sus grandes empresas. En el plano político, logró resolver las pugnas interburguésas con el pacto liberal-conservador que daba acceso a la oligarquía a las instituciones del Estado y le daba garantías para la explotación capitalista.

Sin embargo, entra el régimen en descomposición política por el desmedido monopolio en las ramas del comercio y la industria, la corrupción descarada de utilizar en provecho propio los recursos financieros y el dominio de latifundios. El cultivo del algodón, que desalojó de sus fincas a miles de campesinos, va creando miles de descontentos y la represión va generando el germen de la lucha popular. El ajusticiamiento del tirano Somoza García, por el patriota Rigoberto López Pérez, sacudió a la dictadura y tuvo una gran repercusión en nuestro pueblo. La crisis política coincidió con la caída de los precios del algodón y el café y sus efectos en la población se tradujo en un aumento de los niveles de inconformidad y rebeldía.

Estas condiciones permitieron lograr la influencia de la burguesía conservadora en las masas que, más que identificarse con los principios políticos del conservatismo, lo que las movía era una actividad antisomocista.

Desde la acción patriótica de Rigoberto López Pérez, hasta 1960, se producen una veintena de movimientos armados, aunque sin una verdadera dirección revolucionaria. En 1959 se da la masacre del 23 de julio a una manifestación de estudiantes que protestaban por la represión desatada luego de la guerrilla del Chaparral, donde fue herido el Comandante en Jefe de la Revolución, Carlos Fonseca. Luego de fundado el Frente Sandinista, se dan las acciones de Raití y Bocay, que fueron grandes experiencias para que la Vanguardia fuera perfilando la estrategia de la lucha armada; sin embargo no se había alcanzado el desarrollo organizativo que lograra captar y conducir la efervescencia de las masas populares.

A principios de los años 60 el gobierno Norteamericano inicia medidas reformistas para neutralizar la influencia de la recién triunfante Revolución Cubana, con acciones demagógicas como la Alianza para el Progreso que pretendía a la vez amortiguar la represión de los pueblos que, como el nuestro, sufrían bajo el peso de terribles dictaduras.

1966 marca un mayor auge en la actividad popular. La demagogia conservadora logra manipular y capitalizar la efervescencia que se había manifestado en huelgas, marchas campesinas, protestas de estudiantes y actividad sindical beligerante. Y se promueve la imagen del "líder único"; del líder máximo".

"Con Fernando ando

con Agüero muero

porque para Agüero

el pueblo es primero".

La cancioncita se escuchaba en las radios de la burguesía conservadora. Se habían implementado consignas de: ¡Basta Ya! ¡Que se van se van, cueste lo que cueste!, ¡No más Somoza! y estas se copiaban en los billetes, se escribían en las pancartas y se coreaban en las manifestaciones que el "líder de papel" convocaba en ciudades y pueblos, donde recogía dinero para financiar "la lucha del pueblo".

Y llegó el fatídico 22 de Enero de 1967. Desde temprano la gente acudía desde los pueblos a la manifestación que convocara el "líder máximo" en la llamada plaza de la República.

La multitud iba llenando la plaza, las calles aledañas. Se escuchaban marimbas, altoparlantes con la cancioncita del "líder máximo". En esa plaza la arenga demagógica de Agüero empujó al pueblo a dirigirse a la presidencial hacia donde los manifestantes se enrumbaron con la creencia de que su "líder" estaría con ellos hasta el final.

Como a la una de la tarde, Anastasio Somoza, que había sido nominado para la candidatura presidencial en la próxima farsa electoral, fue avisado en la ciudad de León en donde se dirigía ante una manifestación de empleados públicos y luego de un apresurado y enrevesado discurso partió presuroso abordo de un helicóptero hacia la capital.

Eran las cinco de la tarde, a la altura del Banco Central, la guardia cerraba el paso a los manifestantes. Sonaron los primeros tiros y la gente empezó a caer bajo las balas asesinas y a correr en busca de refugio. Muchos habían sido informados que se distribuirían armas. Algunos que portaban armas cortas o rifles 22, por iniciativa propia, se parapetaban para presentar alguna resistencia. Sin embargo, el resto, enardecido corría buscando el lugar donde se distribuirían las armas que la pérfida de los politiqueros había prometido y que fue sólo una mentira, como la recolecta de dinero para comprarlas y que únicamente engrosó los bolsillos del demagogo.

Se corría hacia el parque Frixione, donde decían estaban las armas y se encontraban que había tal. Se corría hacia el parque Candelaria y sucedía lo mismo. Y la guardia en su matanza diezmando a obreros y campesinos, a los que quedaron para siempre esperando sus familiares.

A los primeros disparos, Agüero corrió a refugiarse al Gran Hotel, donde sabía que la guardia no atacaría porque ahí se encontraban huéspedes norteamericanos. Ahí se atragantó de whisky y de las viandas que disponía el hotel, mientras sonaba la metralla asesinando al pueblo. De ahí salió haciendo el Show que no alcanzó a realizar Betty Meléndez, "la gitanilla". El mismo Show que hizo como triunviro, con la desvergüenza de todo traidor, cuando recorría las calles en su limousine haciendo sonar la pitoreta. El Show que terminó en el congreso cuando Cornelio Hüeck, por órdenes de Somoza, le arrancó del pecho la banda de triunviro. El Show demagógico de las paralelas históricas que terminó 6 meses después cuando el F.S.L.N., en Pancasán, señaló al pueblo el verdadero camino para alcanzar su libertad definitiva.


Sobre esta noticia

Autor:
Carlos Daniel Sequeira (199 noticias)
Fuente:
juventudsandinista.blogia.com
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372
Tipo:
Reportaje
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Distribución gratuita
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