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Odio, fanatismo y engaño

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15/11/2019 06:47 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cuando en mi juventud milité en el marxismo, nuestra función era contagiar rebeldía, incitar al paro y a la huelga

Recuerden que en ese entonces no era muy frecuente y nosotros; con militares y todo paramos Nestlé.

Todo era producto de manifestar disconformidad, yo era un disconforme total, me sentía preso en una fábrica a mis veinte años. Mi rebeldía venía de tantas injusticias vividas en mi niñez, la desgracia de ser pobre, un simple observador de la vida y el confort. Mirar nada más que mirar como el mundo corre mientras vos observas al borde de la ruta del progreso sin siquiera poder comprar un par de buenas zapatillas.

 

Claro que es fácil inyectar odio y menosprecio en esa mente tan golpeada por la desigualdad, nadie te va a inculcar la superación, el trabajo y el esfuerzo personal. Cuando yo intente dejar Nestlé para ponerme a trabajar en un proyecto personal, el líder del grupo marxista al cual pertenecía, un tal Raúl, me decía: -No podés hacer eso. Tenés que trabajar en fábricas para agitar a los trabajadores-

Esa era nuestra función; la de la agitación de las masas obreras, porque allí radicaba la maniobra. La explotación de la disconformidad, nunca el emprendimiento y la superación individual.

Hoy día es muy fácil sacar provecho de esa tendencia, vemos odio y violencia en todas partes. Y aún más, al ver que los dirigentes políticos y empresarios se enriquecen con tanta facilidad, mientras al obrero le cuesta lo que debiera ser natural, tener su casa, trabajo y tranquilidad.  

La vida misma es violenta, se sufre enfermedades, privaciones, pérdidas. Es fácil encontrar las ovejas golpeadas y marcadas por el dolor, llenas de odio y decirles: -¿Ves? esos son los responsables de todos tus males- -esos son los malos... Y señalar del otro lado de la grieta.

La libertad es algo personal, que se logra a través del esfuerzo y el trabajo, los reyes magos no vuelven más, cada individuo recibe una porción que la vida le da y de ello debe hacer algo. Yo luché y me superé, al final la sociedad es cruel, pero te enseña, los gobiernos hablan como mansos corderitos, pero cuando tienen el sartén por el mango, muestran el lobo que estaba escondido.

Recuerden que Fidel Castro entro a Cuba con la Biblia en la mano, pero una vez instalado en el poder se canso de perseguir cristianos.

Estas cosas no las escuché del grupo Clarín, las aprendí en reuniones clandestinas mientras los militares patrullaban las calles. 

Más sobre

Hoy día en Argentina, el comunismo se disfraza de peronismo. Utiliza el populismo propio del lugar como traje para camuflarse y penetrar en la sociedad. La gente populista ignora y los dirigentes políticos, a sabiendas y por conveniencia hacen la vista gorda.

Pocos saben el peligro que eso representa para una nación.    

Las multitudes están vacías, golpeadas, es cruel hasta creer en una religión sin correr el riesgo de recibir algún abuso. Ellos saben explotar eso, esto no se produjo ayer, son miles de años de estudiar el comportamiento de las masas ya es una ciencia. Nadie te quiere libre, solo no quieren que pertenezcas al otro bando.

Nosotros vivimos una vida a la que llamamos normal, creemos que todo esta bien, nos levantamos cada día, trabajamos, llevamos los chicos a la escuela, procuramos un bienestar. No pensamos en el bando de izquierda o el de derecha. Ellos si, o eres de aquí o eres de allá, o nuestro cordero o una molestia para nuestro propósito.

Amigo-enemigo, no hay tercera opción.

El fanatismo brota del discurso acalorado, de un mensaje lleno de falacias, pero que a ciertos fulanos les encanta oír. 

Les encanta escuchar de quienes están en el poder lo que el nunca se atrevió decir a su jefe, no importa si lo que el poderoso dice jamás lo podrá cumplir. Ni tampoco importa si después en privado se toma de la mano del adinerado empresario y cierran importantes negocios juntos, con buenas repartijas para ambos lados y que la venta del proletariado sea aún más injusta que la de Judas vendiendo a Jesús.

Lo que importa es que el discurso sea bueno,  carismático y que mencione mucho al necesitado, putee las corporaciones, insulte a los imperios, y toque las fibras más íntimas de los necesitados, pero no tanto, no sea que los indigentes se les vuelvan en su contra.

Ese es el juego de la vida, ayer luchaban los de izquierda contra la explotación de los de la derecha, y hoy luchan los de la derecha contra tales explotaciones que vienen de un gobierno de izquierda. Al final el protagonista siempre es el mismo, el pueblo subyugado, el pueblo postergado, a quien les han tapado la boca y ante quienes cierran los oídos. 

¿Acaso no se dan cuenta que la lucha no es de el de izquierda contra el de derecha, sino más bien, de los que están encima contra los que sufren la carga de su peso? Lo más triste sería cambiar lo que esta mal, por algo que con el tiempo redundaría en algo peor.

Carlos Polleé

 

 

 

 

 

 


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