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La negación del otro y la tentación del exterminio

07/07/2011 00:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La nación venezolana es ecléctica y mágica. No sólo es de procedencia indígena y africana. Es blanca también. Es insano propiciar rencores basados en momentos históricos. Negar nuestra vena blanca, tratar de borrarla, es otra forma de genocidio: perfil de barbarie, propio de conquistadores

Hace varios años que en Venezuela sufrimos la polarización extrema, desenfrenada y fanática también. El grito de guerra oficial profesa la creación de un hombre nuevo, estructurado sobre altísimos valores, entre ellos la inclusión, la tolerancia y la equidad. Sin embargo, al razonar sobre el manejo de éstos términos - tan queridos por la humanidad entera-, no puedo evitar la condena cuando advierto el cínico irrespeto por los mencionados conceptos.

No podemos pensar que la igualdad y la equidad tienen un significado acomodaticio o relativo, según el cristal con que se mire. Justamente, ambos términos refieren un trato justo y sin distingos, ecuánime para todos. Tácitamente se asoma la igualdad entre estos términos. Eso sí, ambos repelen la discriminación pues son palabras empleadas con la intención de oponerse a la segregación, la exclusión y al rechazo del prójimo. No salgo del asombro al conocer el manejo de estas nociones en los últimos tiempos. Tamaña injusticia que busca inclusión cuando otros son excluidos. De forma inédita, en Venezuela se ha cultivado el resentimiento por los tiempos vividos durante la conquista española. Ciertamente, habría que estar loco para justificar tales acciones, en el momento de la historia que sea. Sin embargo, el trasfondo del extemporáneo reconcomio no apunta a la emancipación como se ha querido hacer ver, sino más bien a una forma de yugo. Una vez más, el indio, el negro y el mestizo (los desfavorecidos, los más vulnerables ante las baterías opresoras) han sido explotados a favor del bienestar ajeno. Ahora vemos los enrojecidos ojos de compatriotas que gritan denunciando aquel genocidio (evento que es referido como respuesta a diversos temas de la vida cotidiana: la pobreza, la inseguridad, los habituales problemas de la comunidad a la que pertenecen, etc). Pero esto no es sólo producto de la indignación natural de un ser humano sacado de la ignorancia histórica, estremecido por la realidad que acaba de conocer. Ojalá se tratara de un acto de conciencia y nada más. Esa inoculada versión de la historia también incluye la negación de sus mestizas raíces, la abolición de su sangre blanca, de los tatarabuelos y de la historia que nos tocó compartir. También incluye el forjamiento de una realidad sesgada que mata (asesina) buena parte de nuestra identidad latinoamericana y que repudia nuestra real procedencia, que no es solamente indígena y africana. Es blanca también. Así, manipulados por viejos rencores, captura nuevos esclavos, una vez más presos en la necesidad, el miedo y el amor a la vida.

El pueblo venezolano, Latinoamérica y el Caribe, somos el resultado ecléctico, el desenlace mágico de algo que se inició como una ocupación forzosa y brutal. Nadie puede negar que aquellas razas, que en un momento se unieron bajo la represión y el atropello (conquistadores y conquistados), hoy conviven silentes (y armónicas) en el pulso de América. Negar siempre ha sido el camino equivocado. Negar al otro ha servido para justificar las atrocidades más feroces en la historia de la humanidad.

No olvidemos nunca, que donde no hay tolerancia, donde no es aceptada la divergencia, reptan profundos sentimientos de egoísmo

Entonces, ¿estamos frente a otro genocidio acaso? El asesinato por negación del otro se nos ha venido encima de nuevo, con menos sangre derramada pero con lágrimas e ira, con impotencia como en tiempos de conquista. Ha llegado como una sombra fantasmagórica a posarse sobre los hombros de los más desfavorecidos. Ha llegado a tras la presa de las miserias humanas, que nunca faltan, para conquistar nuevos ejércitos, nuevas reservas, esclavos indefensos, explotados en sus carencias y penas más hondas. De pronto, pareciera que unos se han hecho más venezolanos que otros y la idea de aplastar al otro es cada vez más tentadora.

El exterminio del otro es una idea escalofriante y peligrosa. Pregunto quién no tiembla cuando es sabido que, como en tiempos antiguos, la llegada de un nuevo poder se asentaba sobre la negación de sus ancestros, la destrucción y el exterminio; amnesia y olvido.

No faltará quien piense que estoy siendo desproporcionada y que nuestro entorno no se compara con la realidad contemporánea. Sin embargo, no olvidemos nunca, que donde no hay tolerancia, donde no es aceptada la divergencia, reptan profundos sentimientos de egoísmo –dispuestos a echar mano de los peores demonios-. Bajo estas circunstancias, son pulverizados, aniquilados los sentimientos que abarcan a todos en la diversidad de sus razas, ideologías y credos: intereses de pocos, la desgracia de muchos.

El pueblo venezolano, Latinoamérica y el Caribe, somos el resultado ecléctico, el desenlace mágico de algo que se inició como una ocupación forzosa y brutal


Sobre esta noticia

Autor:
Ema Casablanca (4 noticias)
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Opinión
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