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Los exiliados nicaragüenses en Honduras - Por Edmundo Jarquín

25/03/2013 11:47 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image Por Edmundo Jarquín - Al iniciarse esta semana de recogimiento y reflexión, no he podido dejar de pensar en uno de los rostros más crueles de la situación que vivimos: más de 30 campesinos y pequeños productores, algunos de ellos menores de edad, abandonaron nuestro país, por veredas y puntos ciegos, para pedir asilo político en Honduras. Proceden del Triángulo Minero y de las profundidades de Matagalpa y Jinotega.

Obviamente, no es por razones socioeconómicas que han emigrado. En las zonas de las que proceden no carecen ni de trabajo ni de tierras para el cultivo y el pastoreo de su ganado. Y tampoco Honduras está, como Costa Rica, en condiciones de ofrecer mejores alternativas de trabajo. Han emigrado huyendo de la represión política. Sus testimonios son elocuentes: "En el país de nosotros hay una gran represión, la gente por eso está emigrando. Lo hace la Policía Nacional, lo hace el Ejército, lo hacen los CPC. La represión es por ser contrarios", declaró uno de ellos. Otro, de tan solo 16 años de edad, Donald Noel Valdivia Fuentes, cuya familia vive en una comunidad de El Cuá, Jinotega, y milita en el PLI dijo: "Me vine porque los CPC me andaban en la lista ya que me iban a matar y a toda mi familia porque somos de la derecha".

Son, inequívocamente, perseguidos políticos. Pensamos que con el fin de la dictadura de los Somoza y la guerra civil de los 80, ningún nicaragüense tendría ¡jamás! que volver a exiliarse por razones políticas.

Todo empezó cuando esas comunidades, que respaldaron con entusiasmo y esperanza la candidatura de Fabio Gadea Mantilla por la Alianza PLI, se indignaron por el grosero fraude electoral en las elecciones de 2011 y jamás, jamás, como otros, aceptarán por válido y menos legítimo el exiguo 31% que el Consejo Supremo Electoral Orteguista asignó a Fabio.

Con Fabio, que recorrimos más de una vez esas comunidades, y conocimos de primera mano la sencillez y honestidad de esos productores y campesinos, y su profundo sentido democrático, nos sentimos indignados por la tragedia que enfrentan. Pero nuestra indignación la vamos a traducir en solidaridad concreta: hemos acordado con Fabio que en la semana de Pascua iremos a visitarles a Danlí, la ciudad fronteriza dónde han recibido refugio temporal, y seguiremos a Tegucigalpa, para realizar gestiones con el gobierno de ese país para que les conceda el asilo político que han solicitado. Además, haremos gestiones con ONG, organismos de Derechos Humanos y organizaciones empresariales, para que les apoyen con ayudas y, sobre todo, dándoles empleo.

Hay una peligrosa indiferencia y pragmática resignación frente a los abusos del gobierno de Ortega, que raya en una suerte de complicidad con esos abusos. Es necesario que los que no formamos parte de esa indiferencia y pragmática resignación lo demostremos, y es lo que haremos Fabio Gadea y yo, solidarizándonos con nuestros hermanos perseguidos.

Nicaragua, aplazada en democracia

No sorprende, entonces, que en el Índice de Democracia que recién publicó la revista The Economist, una de las de mayor prestigio a nivel mundial, nuestro país aparece en el lugar 92, y en el caso de América Latina solamente mejor que Cuba, Venezuela y Haití.

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Los primeros lugares de nuestra región los ocupan Uruguay, Costa Rica y Chile. No es una casualidad que sean esos tres países los que a su vez tienen los mayores índice de desarrollo humano. Países pequeños, y sin tener los niveles de ingreso per cápita más altos en la región, exhiben sin embargo los mejores resultados en términos educación, salud, recreación, erradicación de la pobreza y nivel de vida.

Lo anterior se explica porque en democracia las instituciones y las políticas públicas son más receptivas ante las necesidades de la población, y tienden a responder con eficiencia a esas necesidades. Todo lo contrario ocurre cuando en países, como el nuestro, las instituciones y las políticas públicas están perversamente "privatizadas" o "capturadas", a través de la corrupción y el favoritismo partidario, por quienes gobiernan por encima de las instituciones y las leyes.

Como a veces el discurso que demanda democracia, institucionalidad y libertades puede parecer alejado de las necesidades cotidianas de la gente, es necesario traer una y otra vez el caso de países que, precisamente, por ser democráticos y libres, tienen mayor nivel de bienestar social y económico.

La libertad es un valor en sí mismo, y de ahí su exigencia ética y política; pero la libertad es también condición para la prosperidad, y de ahí su exigencia técnica.

Ortega contra los derechos humanos

Si de algo se puede sentir orgulloso nuestro continente, es que desde hace mucho tiempo se desarrolló un completo y muy elaborado sistema de protección de los derechos humanos: es el conocido como Sistema Interamericano de Derechos Humanos, básicamente integrado por la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Con el fin de la guerra fría y la extensión de la democracia en el continente, ese sistema adquirió una vigencia que no tuvo cuando nuestra geografía continental estaba poblada de dictaduras.

Desde luego, la mayor vigencia del sistema de protección de los derechos humanos empezó a "apretarle el zapato" a aquellos regímenes crecientemente intolerantes frente a las libertades democráticas. Ayer precisamente en una reunión extraordinaria de la OEA, los países del ALBA, con Ecuador a la cabeza en este caso, embistieron contra el sistema de protección de los derechos humanos, en particular contra la Relatoría de la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

El gobierno de Ortega formó parte, desde luego, de esa embestida contra el sistema de protección de los derechos humanos. Que no sorprenda, entonces, que nuestra imagen internacional se deteriore, y que no sorprendan, tampoco, las consecuencias que inevitablemente vendrán por ese deterioro.


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lavozdenicaragua.blogspot.com
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