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Dedicarse a la política compensa

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03/11/2019 11:32 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Se puede hacer política como político ocasional, como profesión secundaria o como profesión principal, igual que sucede en la actividad económica

Existen dos maneras muy distintas de hacer de la política una profesión. Vivir para la política o vivir de la política. Y, cuidado, porque la oposición entres estas dos maneras de actuar no es excluyente. Generalmente se tiende a optar por las dos, aunque para algunos es la parte material y económica la primordial. ¿Quién vive para la política en realidad? Solo aquel que hace de ello su vida y goza con su ejercicio, es decir, aquel que pone su tiempo al servicio de los demás. Por otro lado, vive de la política quien trata de hacer de ella una fuente duradera de ingresos.

Desde tiempos remotos, el príncipe y su séquito no se han preocupado nunca de las condiciones de su pueblo. Viven del botín, de las confiscaciones, de las contribuciones, o imponiendo el uso de medios de pago como impuestos forzosos, en cualquier caso, todos ellos son procedimientos hermanos.

Lógicamente, quien hace de la política su trabajo tiene que tener una compensación económica, esto es un hecho. Ningún obrero o empresario trabaja gratis. Pero aquí lo que importa es poner en evidencia algunas consecuencias de esta situación en ciertos políticos. Algunos creen que para que la dirección de un Estado sea, en sentido económico, llevado por gente que no viva de la política, es necesario un reclutamiento plutocrático de las capas dirigentes. Pero esto es un error, puesto que el hecho de que tal dirección plutocrática exista no elimina el riesgo de que este grupo dominante no trate también de vivir de la política y de que además utilice su dominación para ampliar aún más sus intereses económicos privados.

La realidad nos ha enseñado que para la gran mayoría de políticos la preocupación por la seguridad de su pueblo es, consciente o inconscientemente, una ocupación secundaria, que va siempre por detrás de la suya personal. El idealismo político totalmente desinteresado y exento de miras materiales es solamente propio, y hasta casi exclusivo, de aquellos sectores que, a consecuencia de su falta de bienes, no tienen interés alguno en el mantenimiento de ese poder económico. Duele comprobar cómo para una amplia mayoría, la empresa política sólo consiste en una consecución interesante y fácil de ingresos regulares y seguros.

La política puede ser honoraria y estar remunerada

La política puede ser honoraria y estar remunerada, sin duda. Y eso no implica que el político profesional sea un prebendado o un funcionario a sueldo. Ya no estamos en un pasado feudal, donde los nobles eran premiados con feudos, donaciones de tierras o prebendas de todo género. Sin embargo, seguimos viendo cómo las grandes empresas del Ibex dan hoy como pago por sus servicios leales a políticos corruptos, todas esas mismas prebendas del ayer.

En realidad, cualquier lucha entre partidos persigue un sólo fin, el control en la distribución de los cargos. El poder. Los partidos políticos sienten más una reducción de su participación en los cargos que una acción dirigida contra sus propios fines objetivos. Por eso, un programa gubernamental tiene un significado vacío, básicamente fraseológico. Partidos como PP, PSOE y Cs son partidos cazadores de votos, que modifican su programa fundamental según las necesidades coyunturales de la sociedad, sobre todo cuando entran en campaña. Hasta hace poco, en España se alternaban los dos grandes partidos, con elecciones fabricadas por el poder y siguiendo un turno alternativo convencionalmente establecido para proveer a sus respectivos valedores o avalistas.

Esto no es nuevo, desde la aparición del Estado constitucional, el demagogo es la figura típica del líder político aquí en Occidente. Y si nos remontamos a la antigüedad, ya Pericles fue considerado como el primero en dirigir la soberana ecclesia del demos ateniense. La demagogia moderna se sirve del discurso, y lo utiliza en cantidades aterradoras, sobre todo a través de la palabra impresa. El gurú político, o el periodista en nómina, son los representantes más notables de la figura del demagogo en la actualidad.


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