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Un camino a ninguna parte

16/08/2013 19:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

De ahí, que por justo encuadre haya de concebirse al neoliberalismo no tan solo como una ideología económica, sino además, como un pensamiento fundamentalista de la vida con tendencia perturbadora

Quien fuera  destacado adalid del neoliberalismo, el economista Milton Friedman,  a pesar que de labios a fuera preconizaba la ausencia de toda intervención estatal en la economía, curiosamente, a título personal no predicaba con el ejemplo haciendo caso omiso de sus propios postulados,   y así en práctica inversa,   durante toda su vida profesional no dudó en acogerse a las subvenciones del estado de Illinois, para sufragar económicamente el desarrollo de su actividad docente en la "escuela de Chicago", es decir, una muestra de perversión  de un personaje incoherente,   la del teórico neoliberal cargado de contradicciones que sin acudir a ayudas del estado habría arruinado su función mercantil a las primeras de cambio.

Irónico contrasentido de quien en vida ostentara la paternidad del  moderno neoliberalismo económico; esa predicada  doctrina que tras sus hipotéticas  ventajas, enmascara un  trasfondo reaccionario que  además de  devaluar  el sistema   democrático, induce la  incautación del  aparato del estado, abriendo vía libre a la liberalización de todo lo público y  la conversión  de los  recursos sociales en amortización financiera.

Esos exponentes son el vivo reflejo de  la realidad  extensiva   que actualmente   domina el panorama socio económico  de nuestro país, cuyo  afianzamiento  cuenta  con la  participación de una generación de reemplazo, heredera dogmática   de las tesis  del autor  neoyorquino,   me refiero a  los  miembros del neoliberalismo español, o lo que es lo mismo, ese agrupado  de paridad  ideológica  en el que confluye un reconvertido  socialismo y una derecha  recalcitrante, digamos  PSOE y  PP.

Pues por desconcertante  que aparente, estas  organizaciones a pesar de mantener  ante los electores  la ficción de sus diferencias a través de  recias rivalidades retóricas, lo cierto es que las dos  corrientes políticas son simplemente  agentes intercambiables que en razón a su capitalización  electoral, alternativamente,   vienen siendo  utilizadas por el neoliberalismo como colaboradores necesarios, con la exclusiva finalidad  de  llevar a término  su perverso objetivo,   que no es otro, que crear una sociedad de desigualdades, donde pequeñas élites económicas sean los únicos favorecidos  a costa de extender la pobreza  a la gran mayoría social.

De ahí, que por justo encuadre  haya de concebirse  al neoliberalismo  no tan solo como una ideología económica, sino además, como un pensamiento fundamentalista de la vida  con tendencia perturbadora,   que  por su carácter excluyente   y marcadamente  absolutista,   resulta totalmente contraproducente para  la estabilidad del país  y  altamente pernicioso  para su salud  económica y  democrática.

Para mayor complejidad es perceptible que el neoliberalismo como ideología es inherente de corrupción

Es evidente  que estos  prosélitos del  credo neoliberal  fueron los causantes  de la crisis, de ahí que suponga   un contrasentido que como culpables del caos, ahora,  sigan  al frente de la función política defendiendo intereses minoritarios ligados a sus aliados capitalistas,  destinando  miles  de millones de euros  de  dinero   público  a salvar a las entidades bancarias copartícipes de la hecatombe, mientras  no reparan en reducir  el estado social a mínimos a la vez  que  escamotean  recursos de apoyo al fortalecimiento del tejido empresarial y del empleo.

Unas políticas  de ajuste que sin ser la solución de nada  vienen a incitar la gravedad  de  los problemas existentes para desembocar  en una crisis social  de múltiples consecuencias; donde a la  depresión económica se le suma la psicológica, siendo el abismo del desempleo, la degradación de los  desahucios  y el atraco a los  preferentistas,  exponentes de sus lesivos efectos  que conjuntamente al afección repercutida  en  sanidad   y cultura se conforma el mapa actualizado de la cruda realidad española.

Para mayor complejidad es perceptible  que el neoliberalismo como ideología  es inherente de corrupción,  y no solamente en el plano individual, sino que el propio sistema que esa  ideología  propicia  es factor desencadenante  de corrupción  colectiva, cuya proliferación  se extiende por igual desde el gobierno hasta el conjunto de expresiones del sistema,   abarcando en su afección desde el mundo  empresarial hasta los partidos políticos. Todo un referente de decadencia y de pérdida de principios éticos que rompe la cohesión social y debilita la institucionalidad, dejando relegada la democracia  a un mero referente  electoral, donde  paradógicamente     los compromisos no toman condición de obligaciones .

Por eso que los electores tienen la llave del cambio  si quieren erradicar el  favorable  statu quo de unos pocos  en ventaja del interés colectivo, tomando para ello parte activa en una rebelión pacifica pero beligerante, orientada  a suprimir de la actualidad  política  la ideología excluyente del neoliberalismo,  y el arma mas contundente para  lograr  tal finalidad es la emisión de un voto de conciencia  y eficacia probada, para así evitar que los adictos a reproducir el  despropósito  de Milton Friedman  sigan a conducirnos en dirección contraria al futuro.


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