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El antes y el después del estado de alarma: cómo nos ha cambiado la vida con la pandemia del coronavirus

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21/06/2020 00:08 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

España, como el resto del mundo, lleva más de tres meses tachando días del calendario para hacer frente a la mayor crisis conocida desde la Segunda Guerra Mundial. Era 31 de enero. Llevábamos un mes de 2020 y no sabíamos la que se venía encima. Fue entonces cuando se conoció el primer caso de coronavirus en territorio español. Ahí, las alarmas no se encendieron del todo, pero empezaron a iluminarse. El número fue creciendo, cada vez con más fuerza, y se empezaron a contar los primeros fallecidos. El 14 de marzo, el Gobierno decretó el estado de alarma.

Eso fue lo que empezó a cambiar la vida de los españoles por completo. Esta medida excepcional vino acompañada por seis prórrogas, con sus correspondientes debates -muy tensos- en el Congreso de los Diputados. El Ejecutivo de Pedro Sánchez, que asumió el mando único, las sacó todas adelante (con más o menos apoyos). Ahora esa red ha caído, pero...¿cuánto ha cambiado la realidad de los españoles estos tres meses?

La parte económica ha sido una de las que más daño ha sufrido a causa de la pandemia. Solo tres días después de que se decretase el estado de alarma, el Gobierno aprobó un decreto para permitir la flexibilización de los ERTE, y ya en mayo los desvinculó de esa alarma y permitió su prolongación hasta el 30 de junio. Ahora, algunas voces piden extenderlos hasta final de año. Además, tras esos primeros pasos se dio luz verde a un segundo paquete de medidas económicas en el que se incluían la concesión de avales para empresas, flexibilidad para ajustar temporalmente las plantillas y aportar la investigación de vacunas.

El golpe del coronavirus sobre el empleo ha sido fuerte. En febrero, España tenía 3, 24 millones de parados, con una tasa del 13, 6%. Había bajado en 7.800 personas respecto a enero, marcando el mejor mes de febrero en tres años. En cambio, ya en mayo, subió a 3, 85 millones, aunque eso sí, amortiguó el efecto provocado en abril, cuando se alcanzó una tasa de un 14, 8%. Además, en torno a 3, 3 millones de personas se vieron incluidas en un expediente de regulación temporal de empleo. Ya han salido más de un millón, según los datos del Ministerio de Seguridad Social.

Por otro lado, el número de afiliados en febrero era de 19, 25 millones de trabajadores después de haber marcado también el mejor tercer mes del año desde 2015. Ya en mayo, con los efectos de la crisis muy marcados, se quedó en 18, 58 millones, eso sí, con un repunte después de los malos datos de marzo y especialmente de abril (cuando hubo 18, 39 millones).

Además, las previsiones económicas no son buenas: el Banco de España alerta de que la tasa de paro podría dispararse al 24, 7% y el PIB hundirse un 15, 1% por el coronavirus. El organismo maneja tres escenarios en función de la rapidez en la recuperación. Asimismo, habría que tener en cuenta el acceso de España al fondo europeo de recuperación, que está pendiente de aprobarse y del que le corresponden un total de 140.000 millones en transferencias a fondo perdido y créditos.

En el ámbito de la movilidad el primer puesto importancia seguramente lo ocupe el turismo. La caída en este sentido ha sido drástica. España recibió 4, 4 millones de turistas extranjeros en febrero, un 1% más que en el mismo mes del año pasado, que gastaron 1, 2% más, según los datos publicados en su momento por el INE. Ante la pandemia, la llegada de turistas se redujo un 100%, como es lógico, por el confinamiento y el cierre de fronteras. A esto hay que añadir la cuarentena obligatoria impuesta por el Gobierno a los viajeros que llegaban a España. Ahora, el Ejecutivo ha impulsado un plan dotado de 4.250 millones de euros para relanzar el sector turístico.

Otro de los puntos clave ha sido y es el uso del transporte público, sobre todo en las grandes ciudades. Según el Consorcio General de Transportes de Madrid, a principios de junio de 2019, los madrileños realizaban 5.46 millones de viajes al día en Metro, Cercanías, autobuses municipales e interurbanos. En junio de 2020, 1.51 millones, casi cuatro millones menos. En ese contexto, el 52% de los desplazamientos en la capital se realizan en vehículo privado.

A esto hay que añadir el uso de los taxis y VTC, que también ha bajado: antes de la crisis se usaba en un 14, 8% mientras que en junio ese dato se quedó en un 10, 8%. Todo lo contrario sucede con las bicis y los peatones, cuya cifra ha pasado de un 22, 7% a un 29%, según las cifras del ayuntamiento de Madrid.

¿Cómo serán las ciudades? Esa es otra de las grandes cuestiones. "Se van a reconstruir alrededor del barrio", expresa el director del City Lab del IED Madrid, José Francisco García. "No tiene sentido que tengamos que trasladarnos kilómetros para hacer lo que queremos hacer" por lo que "se pondrá en valor el entorno cercano". Eso sí, García considera "irreal" hablar de las ciudades "de 15 minutos" porque "el trabajo lo tenemos en un sitio y vivimos en otro".

¿Y a nivel más amplio? En esta temporada, los movimientos de largo recorrido bajaron al principio un 60%, pasando a una reducción del 70% en la etapa dura de la pandemia, entre el 30 de marzo y el 12 de abril. Y durante los fines de semana, la caída del tráfico alcanzó el 90%: "En tráfico de turismos, hubo un momento en que el ministro nos marcó reducir un 80% del tráfico en la semana de solo servicios esenciales, y conseguimos de media una reducción del 87%", explicó Pere Navarro, director de la DGT.

El mercado de la vivienda tendrá que adaptarse ante la pandemia. La nueva normalidad para el sector inmobiliario será peculiar: menos visitas a inmuebles, primeras bajadas de precios y más dificultades de acceso a la financiación serán las tres consecuencias directas del coronavirus. Según los datos de las inmobiliarias, por ejemplo, las visitas han caído hasta un 70% y ya se empiezan a vislumbrar las primeras bajadas de precios: entre un 5% y un 15% en Madrid. En febrero, el precio del metro cuadrado era de 1.752 euros. En mayo bajó a 1.730 euros.

Otra de las tendencias más patentes es que el estado de alarma y el confinamiento ha llevado a muchos españoles a replantearse el tipo de vivienda en el que quieren vivir, según apuntan desde Idealista. Tras estas semanas de confinamiento, muchas personas han descubierto que sus casas no tienen lo que su familia necesita. Cuestiones como la existencia de luz natural, de espacios más amplios, con mejores vistas o con zonas ajardinadas son ahora una prioridad.

Según un estudio también de Idealista, el precio de la vivienda usada en España bajó un 1, 3% en mayo, aunque el portal advierte de que esas caídas pueden alcanzar los dos dígitos este año en algunas zonas en un contexto de aumento de la oferta proveniente "sobre todo de divorcios o separaciones y herencias".

Además, el frenazo en la llegada de turistas ha cambiado la fórmula de los alquileres, pasando del turístico al tradicional en muchos de los casos, sobre todo por la incertidumbre de la valoración. "Es cierto que desde 2018 muchos de estos propietarios ya estaban valorando el reorientar el uso de sus viviendas hacia el alquiler habitual, menos penalizado fiscalmente y mucho más sencillo y económico de gestionar, pero esta situación ha precipitado por completo esta tendencia", sostiene el estudio. Eso sí, desde Fotocasa explican a 20minutos que "habrá muchas viviendas que vuelvan a la alquiler turístico cuando esto haya pasado".

El confinamiento también cambió por completo nuestros hábitos de consumo. En los primeros días de estado de alarma el producto más demandado fue el papel higiénico. Se dio lo que se llamaba "compra búnker", que provocó una oleada masiva de compras de productos no perecederos y de primera necesidad. Después, fue por la "compra de caprichos" como la cerveza, las patatas fritas o el chocolate, durante la cuarentena por coronavirus. Así, los productos más consumidos cambiaron en función de la situación de la crisis y, sobre todo, en función de si se podía salir más o menos de casa.

Internet y la televisión han sido otros elementos fundamentales. Entre marzo y abril, los meses más duros de la pandemia, el uso de las redes sociales tuvo un aumento del 55%. De ellas, Twitter disparó su audiencia un 23% más, aunque sus finanzas se empezaron a resentir ante la caída de anunciantes. Además, el uso del móvil subió un 38% esas semanas y las descargas de juego hasta un 60%.

Por otro lado, el consumo de televisión batió récords históricos en el mes de marzo de 2020 con un total de 282 minutos por persona y día, lo que supone 10 minutos más que el anterior récord, alcanzado en febrero de 2013, según un informe de la consultora Barlovento.

Si se tiene en cuenta solamente el periodo del estado de alarma se observa que del 14 al 29 de marzo el incremento del consumo es mucho mayor: casi un 40%, 89 minutos más que en las primeras semanas del mismo mes. El domingo 15 de marzo se registró la jornada de mayor consumo con un total de 344 minutos por persona y día.

Si algo ha estado, como es lógico, estos meses ha sido (y sigue siendo) las cifras de fallecidos por la pandemia. Ahí el Gobierno ha recibido una serie de críticas, pues los datos facilitados no coinciden con los recogidos por el INE y el MoMo. El número estimado de defunciones en España durante las 21 primeras semanas de 2020, hasta el 24 de mayo, asciende a 225.930 personas, lo que supone un aumento del 24, 1% (43.945 más) respecto al mismo periodo del año anterior, según datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y recibidos desde los registros civiles combinados con información histórica desde el año 2000 de la estadística de defunciones, con el objetivo de estimar las defunciones ocurridas durante la Covid-19.

Estos datos contrastan con las cifras oficiales proporcionadas por el Ministerio de Sanidad sobre el coronavirus, que recogen un total de 27.127 fallecimientos desde el inicio de la crisis. Sin embargo, el INE puntualiza que "dado que estos datos reflejan la mortalidad sin distinguir causas, no se puede medir de forma exacta el impacto de la pandemia, pero sí se observa un considerable aumento en el número de defunciones en España".

Alrededor de 159.380 han muerto por cualquier causa en España entre el 1 de marzo y el 15 de junio, 44.966 más que en el mismo periodo de 2019, según los últimos datos actualizados que los registros civiles envían al Instituto de Salud Carlos III y que son provisionales debido a los retrasos que sufren los registros a causa de la pandemia. De ellos, 27.136 se corresponden con los fallecidos por coronavirus, según las cifras aportadas por el Ministerio de Sanidad

Otra de las novedades que ha traído el coronavirus ha sido el trabajo y las clases en casa. El Gobierno aprobó al principio de la pandemia una normativa para potenciar precisamente el teletrabajo. Y así ha sido. De hecho, en 2019, tan solo un 4, 8% de los ocupados utilizaban esta fórmula, trabajando desde casa normalmente o más de la mitad de los días, mientras que durante las semanas de restricciones por la pandemia, el porcentaje se ha incrementado hasta el 34% del total, según un estudio del Instituto Valenciano de Investigaciones económicas.

A esto hay que añadir el hecho de que colegios, institutos y universidades hayan pasado también a impartir las clases 'online'. Un estudio de la FAD y el BBVA señala que los profesores de infantil y primaria prefieren que sus alumnos vayan todos los días a clase, en horas alternas, mientras que los de secundaria se decantan por combinar la enseñanza presencial y a distancia.

El 61% de los profesores consideran, además, como una de las grandes dificultades la gestión de las emociones de sus estudiantes y el 60% que sus alumnos puedan "ser autónomos y autogestionar su aprendizaje" al trabajar desde casa. Según este informe, uno de cada diez hogares (300.000 niños) en el tramo de renta más baja (900 euros mensuales o menos) no tienen acceso a internet.

Otro de los problemas que hay en este sentido es la llamada brecha digital, pues según un informe del Alto Comisionado para la Pobreza Infantil, entre un 10% y un 12% de los alumnos españoles no están en condiciones de mantener un aprendizaje a distancia. España es, en este sentido, el segundo país de Europa con la banda ancha más cara.

La política ha salido mal parada de los momentos más duros de la pandemia. El 10 de marzo el Congreso aplazó ya el pleno de esa semana por el coronavirus, aunque todavía no se había decretado el estado de alarma. Tras unas semanas de parálisis parlamentaria, volvieron los debates, precisamente referentes a las prórrogas de la alarma, y un poco más adelante las sesiones de control. Eso sí, todas con presencia reducida de diputados. Una afluencia que no ha empezado a aumentar de forma importante hasta esta última semana.

Durante estos meses ya se ha puesto a trabajar la comisión para la Reconstrucción en el Congreso, que se divide en varios grupos de trabajo. No ha sido ajena a las broncas, igual que el Hemiciclo. También han cambiado los temas de debate: Cataluña, el Delcygate, cambio climático y el feminismo han dejado paso a la pandemia como monotema, pero también al paro, la economía, los Presupuestos y la sanidad.

En materia sanitaria, España es el país europeo que más ensayos con medicamentos contra la Covid-19 ha aprobado y el cuarto a nivel mundial, según explicó este mismo mes el presidente de Farmaindustria, Martín Sellés, a los miembros del Grupo de Trabajo de Sanidad de la Comisión para la Reconstrucción del Congreso.

"Con más de 80 ensayos clínicos con medicamentos para luchar contra la pandemia, somos el país europeo que más ensayos ha aprobado y el cuarto a nivel mundial, y está previsto que más de 25.000 pacientes participen en ellos", dijo.

El mundo, después de todo, no va a ser igual. La pandemia ha traído y sigue trayendo una serie de lecciones que hemos aprendido: más vida en casa, la importancia de las pequeñas cosas y que nuestra realidad puede cambiar de forma drástica sin que casi nos demos cuenta. El reto y la crisis no han acabado, y las medidas, precauciones, restricciones y cuidados seguirán, al menos, hasta que haya vacuna, tanto para el problema sanitario como para el económico y social.


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