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20 D, una fecha para el cambio

19/10/2015 00:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los comicios del 20-D son la ocasión para poner fin al neoloberalismo del PP, votando para ello, por opciones políticas decididas a rescatar la democracia y dispuestas a restablecer los derechos de la ciudadanía

A estas alturas diputados y senadores ya están  haciendo  sus maletas, pues no  mas  tarde del día 27 del mes en curso,    el Jefe del Estado sancionará el decreto de convocatoria de los nuevos comicios tras cuya publicación oficial quedarán  disueltas ambas Cámaras, poniendo así punto final a la peor  legislatura   de la historia democrática del país, donde un PP en mayoría absoluta  vino  a demostrar que cuando políticamente no se  administra adecuadamente  la cota de poder, el quórum  alcanzado  lejos  de funcionar  como  un resorte de   estabilidad  actúa en sentido opuesto generando la más fatal   de las inestabilidades. 

Por eso, tras cuatro años de dominio absoluto  del partido en el Gobierno el periodo  legislativo que concluye  pasará a la historia como el más inútil, improductivo y estéril de los últimos  35 años, y todo por el  empeño de esta formación    en  subvertir la democracia, al utilizar  fraudulentamente  la voluntad de las urnas, con la exclusiva finalidad  de imponer  el  modelo político neoliberal como sistema, apoyando al efecto  las prerrogativas del  capital privado por encima de los intereses públicos y del conjunto de la sociedad.

Pretendiendo dar amparo  argumental  a tal maniobra con discursos  de deslumbre  como el conjeturado  fomento del crecimiento y de la productividad o la no menos aparente  generación de sinergias beneficiosas para la mayoría social, aunque la evidencia ponga de manifiesto que  cuando  la Biblia del Dinero suplanta a la Constitución, el poder popular languidece  como consecuencia del patrocinio   político prestado  a  los poderes fácticos y la oligarquía financiera.

Nula credibilidad debe merecer por tanto los mensajes electorales de quienes no satisfechos con secuestrar la democracia  e incentivar la desigualdad económica,   prosiguen su  perniciosa  deriva destruyendo la cohesión social y haciendo que desaparezca  todo síntoma de ecuanimidad,  al instaurar  en sustitución  un monopolio de oportunidades para reserva expresa  de las élites pudientes y su entorno  mas próximo. Consumando  con ello, una dinámica de privilegios tendente  a acentuar  en mayor medida la  concentración de la riqueza  en manos de unos pocos, extremo,   que  afianzará  la consolidación  de un sistema económico excluyente,  cuyos efectos,  mas que auspiciar  soluciones al problema surtirá el efecto contrario,   intensificando  las tensiones  de convivencia   e incrementando así  el riesgo de ruptura social,  y todo como consecuencia de un conjunto de descabelladas políticas  que en modo alguno serán la solución a la crisis, sino que harán  que  esta  se  agrave todavía  más. 

Un país serio y preocupado por dar solución a su futuro, lo primero que ha de afrontar es dignificar la calidad política

Evidencia tal apreciación,   el demoledor  balance social del proceso de  implantación de las políticas neoliberales  que   viene a delatar  que mas de un terciode la población española está en riesgo de pobreza, es decir,  que como consecuencia  de cuatro año  sometidos a  la  austeridad característica del  Partido Popular,   en torno a 13, 8 millones de ciudadanos   se encuentran en severo  riesgo de exclusión social, siendo significativo que en coincidente temporalidad   nos hemos convertido  en el  segundo país europeo en desigualdad, siendo así  que los números  vienen a reflejar  que el 10% de la población con mayores ingresos del país gana el equivalente a la cuarta parte de toda la riqueza del Estado y 14 veces más que el 10% más pobre. Un contraste  revelador  para los directos perjudicados y factor determinante para concluir  que quienes ejercen como  baluartes del neoliberalismo, difícilmente pueden desempeñar cometidos de representación de los intereses de la sociedad ni   la defensa  de sus garantías. 

Habiendo de añadir a lo anterior como agravante   la escasa fiabilidad  que debe  otorgársele  a quien tras un cuatrienio  de infructuosa gestión, ahora, venga a  proclamar   como cierto el infundio    de una mas que   fantasiosa reactivación económica,   cuando el cómputo de sus  resultas indica   que aspectos relevantes de la realidad económica como el déficit o el paro  mantienen idénticos parámetros a los existentes en  su toma de posesión al frente del Ejecutivo. Sin que tal desencuentro  haya de suponer  sorpresa alguna, pues no en balde, no debemos  olvidar   que la mala praxis política  de  Rajoy como máximo mandatario de esa organización, no es nada nuevo, y  quien no reparó en estafar al electorado para  acceder al poder   haciendo uso de la mentira, no debe  representar extrañeza alguna  que se despida de idéntico modo. 

Pero  lo cierto es que en un país serio y  preocupado por dar  solución a su futuro, lo primero que ha de afrontar  es dignificar su calidad política, un objetivo esencial  que pasa forzosamente  por  retirar electoralmente todo margen de confianza a quienes dedicados a  la función política  no reparan en  utilizar   la mentira compulsiva por  práctica funcional   o a aquellos otros  que anteponen  la protección  de los poderes fácticos  sobre la defensa de los intereses fundamentales  de la ciudadanía.  Siendo por eso que como quiera  que las  próximas elecciones generales del 20 de diciembre constituyen un momento histórico crucial para rescatar la democracia y poner en valor la función política, no haya  que desaprovechar como ciudadanos  la  oportunidad  de cercenar con nuestro voto las políticas neoliberales que patrocina  el Partido Popular, porque los derechos democráticos  no pueden  seguir siendo  la reserva de unos pocos, sino la  garantía esencial  del conjunto de la  ciudadanía.


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Galdo Fonte (465 noticias)
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